miércoles, agosto 04, 2004

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Una de las cosas que me pasó con la muerte de Ale, fue el contactarme con mi propia mortalidad.
Era más chico que yo (este viernes cumpliría 30) y un tipo noble como pocos.
A esta edad no se piensa en la muerte de un par, somos todos Gilgamesh.

Curioso: Si alquien me hubiera preguntado alguna vez, quien de mi entorno sería el candidato perfecto para morir acribillado por una bala certera de una ex novia.
La respuesta es obvia.
Yo.

Ale no se lo merecía.

Hoy me siento: Mortal

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